"Ni idea", responde el hombre mirando sonriente el trozo de plástico sobre el césped mojado. Se rasca la cabeza, mira a su esposa y, encogiéndose de hombros, sentencia: "supongo que será un saliente de la tubería de drenaje". Saca de dentro la sonrisa con que la conquistó en la cola del supermercado hace ya veinte años y continúa: "No te preocupes, lo tapo y ya termino yo de pasar el cortacésped". Mientras su mujer se aleja hacia la puerta de casa el hombre entierra el saliente del casco de motorista con la punta del zapato. Le gusta pensar que tiene un ejército de terracota bajo su jardín.
Autor: Mikel Ruiz Ruiz
Microrrelatos veraniegos (Junio)
miércoles 24 de septiembre de 2008
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Etiquetas: relatos
Microrrelatos veraniegos (Mayo)
miércoles 17 de septiembre de 2008
─Entonces, ¿cómo podemos saber que esto no es un sueño? ─decía Ana.
─Estamos soñando —sentenció Miriam, su hermana mayor.
─Creo que deberíamos volver al colegio ─insistió Ana.
─En los sueños no hay colegio.
Ana sonrió y se acercó al borde de la azotea.
─Entonces, ¿crees que puedo volar?
─Por supuesto hermanita, es lo que trato de explicarte.
─Pero parece tan real.
Miriam arrancó una hoja de su cuaderno y se la mostró a Ana.
─En los sueños no se puede leer ni el propio nombre. ¿Puedes leer aquí el tuyo?
Ana negó con la cabeza, extendió los brazos y saltó. Miriam arrugó en sus manos el garabato ilegible que había dibujado.
Autor: Mauricio Ciruelos Gutiérrez
─Estamos soñando —sentenció Miriam, su hermana mayor.
─Creo que deberíamos volver al colegio ─insistió Ana.
─En los sueños no hay colegio.
Ana sonrió y se acercó al borde de la azotea.
─Entonces, ¿crees que puedo volar?
─Por supuesto hermanita, es lo que trato de explicarte.
─Pero parece tan real.
Miriam arrancó una hoja de su cuaderno y se la mostró a Ana.
─En los sueños no se puede leer ni el propio nombre. ¿Puedes leer aquí el tuyo?
Ana negó con la cabeza, extendió los brazos y saltó. Miriam arrugó en sus manos el garabato ilegible que había dibujado.
Autor: Mauricio Ciruelos Gutiérrez
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Etiquetas: relatos
Microrrelatos veraniegos (Abril)
miércoles 3 de septiembre de 2008
Se lanzará desde el trapecio. Correrá a través de la raíz cuadrada, sintiendo como el aliento de la malvada hipotenusa se le acerca hasta casi atraparlo para siempre. En un intento vano por despistarla llega al abismo de la derivada. Se siente acorralado, pero no, encuentra una salida en la división y vuelve a escapar deslizándose por ésta. El número Pi se salva y llega hasta el infinito. Pero…...
─Andrés, ¿me escuchas?
─Sí, maestra.
─Muy bien, continuemos. Si un tren sale de Madrid a las ocho de la mañana y otro de Barcelona a las diez...
La malvada hipotenusa capturó a Pi.
Autor: Estefanía Morán
─Andrés, ¿me escuchas?
─Sí, maestra.
─Muy bien, continuemos. Si un tren sale de Madrid a las ocho de la mañana y otro de Barcelona a las diez...
La malvada hipotenusa capturó a Pi.
Autor: Estefanía Morán
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